Teresa de Jesús

"Los desgarros de la vida, los remendaba Teresa,

con la aguja de la fe y el dedal de la paciencia."

Eduardo Marquina

domingo, 18 de octubre de 2009

EL CEMENTERIO

Yo viví siempre muy cerca
del tranquilo cementerio,
que allá en la tierra querida
recibía a nuestros muertos.
!De la puerta de mi casa
yo veia el cementerio!

Me acostumbré desde niña,
a ver pasar los entierros
y visitaba, a menudo,
aquel lugar, de paz lleno,
en el cual pensé que un día
reposarían mis restos.

Allí bebía yo la historia
completa del pueblo entero:
LEYENDO DE TUMBA EN TUMBA
los epitafios sinceros.
¡Cuántas veces sentí paz,
y jamás sentí yo miedo!

Pero un ciclón devastante
me arrebató de mi pueblo
y ya no puedo mirar
los blancos mármoles viejos
que tanta calma traían
a mi espíritu andariego.

Yo nunca debí partir
con las raíces que tengo,
tan hondamente clavadas,
en la tierra de mi pueblo.
¡Allí yo quiero, Señor,
vuelvan al polvo mis huesos!

Cuando mi sien ya no lata
y ya esté mi cuerpo yerto,
que me entierren, bien profundo,
en mi viejo cementerio.
Así, mi carne podrida,
fecundará, aún más, su suelo.

Bertha Porro García @
escrita en el exilio el 27 de marzo de 1973

lunes, 7 de septiembre de 2009

AGUA DE TINAJON

Agua de tinajón
(DEL CONOCIDO MUSICO CAMAGüEYANO, Jorge González Allué)

Forastero o cubano
Que mi agua bebes,
¡es ya casi seguro
Que aquí te quedes!

Del seno de mi pueblo
No habrás nacido,
Pero… agua de mi vientre,
Si la has bebido
Te sentirás por siempre
Hijo querido

En mis soleados patios
Siempre has de verme,
Y, sedientos, tus labios
Han de beberme.
Y a partir de ese instante
vas a quererme.

Aunque son muy estrechos
Los callejones
De mi pueblo, son anchos
Los corazones,
Y se conservan puras
Sus tradiciones
Fama siempre has tenido
De hospitalario
y con razón te dicen:
EL LEGENDARIO.

11 de Mayo de 1873

11 de Mayo: Caída gloriosa de Ignacio Agramonte
en los campos de Jimaguayú

¿Realmente se recuerda en estos tiempos a nuestros héroes?
¿Quién ha pensado antes de leer estas líneas en el 136 aniversario de nuestro venerado Mayor General?

Desde que tengo uso de razón Ignacio Agramonte fue mi patriota preferido por valiente, por romántico, por caballeroso… Una de mis grandes alegrías fue cuando mi padre, que era periodista, me llevó en compañía de algunos concejales de nuestro Ayuntamiento a una de las celebraciones que se hacían cada año al cumplirse un aniversario más de su caída precisamente allá, en el potrero glorioso de Jimaguayú.

Vivió bajo el signo del sacrificio, por sus ideales, por la Patria y por la libertad. A los 26 años, recién casado con la mujer que adoró siempre, lo dejó todo y se entregó por entero a la incómoda y peligrosa vida de la manigua llegando a ser Mayor General.

Martí lo admiraba sinceramente, lo llamó “diamante con alma de beso” y no encuentro nada mejor que terminar con sus propias palabras cuando en un artículo publicado en “El Avisador Cubano” de Nueva York el 10 de octubre de 1888 escribió “Por su modestia parecía orgulloso: la frente, en que el cabello negro encajaba como en un casco, era de seda, blanca y tersa, como para que la besase la gloria: oía más que hablaba… se sonrojaba cuando le ponderaban su mérito; se le humedecían los ojos cuando pensaba en el heroísmo, o cuando sabía de una desventura o cuando el amor le besaba la mano: ‘¡le tengo miedo a tanta felicidad!’… De cuerpo era delgado, y más fino que recio, aunque de mucha esbeltez. Pero vino la Guerra, domó de la primera embestida la soberbia natural, y se le vió por la fuerza del cuerpo, la exaltación de la virtud. Era como si por donde los hombres tienen corazón tuviera él estrella. Su luz era así, como la que dan los astros; y al recordarlo, suelen sus amigos hablar de él con unción, como se habla en las noches claras, y como si llevaran descubierta la cabeza.
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Aquel que sin más ciencia militar que el genio, organiza la caballería, rehace al Camagüey deshecho, mantiene en los bosques talleres de guerra, combina y dirige ataques victoriosos, y se vale de su renombre para servir con él al prestigio de la ley, cuando era el único que, acaso con beneplácito popular pudo siempre desafiarla…. Pero jamás fue tan grande, ni aún cuando profanaron su cadaver sus enemigos, como cuando al oir la censura que hacían del gobierno lento sus oficiales, deseosos de verlo rey por el poder como lo era por la virtud, se puso en pie, alarmado y soberbio, con estatura que no se le había visto hasta entonces y dijo estas palabras : ¡Nunca permitiré que se murmure en mi presencia del Presidente de la República!”

@ Copyright Bertha Porro García

El por qué del nombre

Ignacio Agramonte, tan conocido por su valor como por su caballerosidad, se ganó la fama de ser llamado "el caballero sin miedo y sin tacha" igual que el ilustre capitán francés Pedro Du Terrail (1476-1534), Señor de Bayardo.
De ahí que a nuestro Mayor General Ignacio Agramonte se comenzara a llamarle "El Bayardo". Un pequeño y atrevido homenaje a su memoria y una identificación absoluta a nuestra historia camagüeyana, es la razón de haber escogido este nombre.

viernes, 31 de julio de 2009

Quién soy yo


De mi persona puedo decir que nací en la calle del Cristo, hace tantos años que prefiero no acordarme. Cuando nací el número de la casa era 24, varios años después cambiaron los números y desde entonces fue 109. Me eduqué en el Colegio Teresiano, desde párvulos hasta graduarme de Bachiller. Pasé a mi recordada y querida Universidad de La Habana y me gradué de Dr. en Filosofía y Letras.
En 1960 contraje matrimonio con mi único novio, Orlando Lastre, en mi querida iglesia del Sto. Cristo del Buen Viaje, donde también se bautizaron nuestros tres hijos: Orlando, Eduardo y Bertha. Partimos para este demasiado largo exilio en mayo de 1967 y ese fue uno de los días más amargos de mi vida, cuando cerré la puerta de mi casa por última vez. Mi casa donde nací, crecí y creí que iba a morir. Tuve que despedirme de mis vecinos y amigos de toda la vida...
En el exilio siempre hemos vivido en esta zona metropolitana de Washington, D. C. y en 1983 tuvimos otra hija, Jennifer. Actualmente tenemos ocho nietos y otro que nacerá en octubre, si Dios quiere. Estudié, de nuevo, en la Universidad de Georgetown y obtuve una Maestría en Ciencias. Trabajé de profesora de Español y de ESL en varios Colegios Privados y Públicos, fuí parte de La Oficina de Educación Bilingüe por más de tres años y después pasé a trabajar como Consejera Bilingüe en Francias JHS y en Roosevelt HS en la ciudad de Washington. Me jubilé en 2004, pero sigo trabajando en Montgomery College como profesora de Español.
Todos los días pienso en mi país y en mi Camagüey y en mi barrio del Cristo. Allí espero descansar definitivamente, si Dios me lo permite. Cada vez que hemos podido he tenido la dicha de regresar; pero hace seis años que no voy por la prohibición absurda y cruel que el Sr. Bush nos impuso a los cubanos. Ya estamos exentos de eso
y espero volver muy pronto. Creo que he escrito demasiado, dejo algo para más adelante.