Teresa de Jesús

"Los desgarros de la vida, los remendaba Teresa,

con la aguja de la fe y el dedal de la paciencia."

Eduardo Marquina

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martes, 21 de enero de 2014

Eco del Tinajón

Eco del Tinajón
Poesía tomada del libro "Arpas y Clarines" de Oscar Silva Muñoz del Canto, publicado en Camagüey en 1937.

Barro del barro de mi vientre rojo,
boca insaciable,
panza de sanchonescas ambiciones
que en el rodar de siglos
te burlas a tu antojo
de mi puro linaje y mis blasones
desprecias hoy: escucha y no te asombre
que una antigua vasija, deleznable
le hable a un hombre;
¡le hable!
¡Hoy hablan... disparates o razones,
hasta los tinajones!
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Pero, yo te serví; fiel a mi origen,
recibía caudales cristalinos
que guardaba en mi vientre soberano,
para saciar tu sed.
Yo recogí con burbujeante empeño
el AGUA DE LOS CIELOS,
que por ser de lo alto, era más pura
y te costaba menos.
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Yo sigo siendo el mismo ante la historia:
el ánfora de barro multiforme,
de factura criolla... ¡muy criolla!
sin claudicar jamás.
Tú has cambiado, ¡yo no!
Sigo en la cumbre de mi cubanidad,
con puro aliento...
¡Que gran distancia,hombre, nos separa!
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Siempre te seré fiel y a donde vaya
seguiré siendo lustre de tu escudo,
tu noble pergamino,
 guardián de tu linaje,
recuerdo de tu nombre.
Y si la negra vida o el amargo destino
quiere hacerte un ultraje,
ampárate en mí mismo: ¡toma mi barro, hombre!

martes, 22 de octubre de 2013

La barriada del Cristo

Como tengo el orgullo de haber nacido en esta barriada, quiero hacer llegar a los que me lean algunos detalles que he podido recoger del origen y del desenvolvimiento de mi barrio querido.
El día 12 de septiembre de 1795 durante una fiesta solemne el presbítero Nepomuceno Arango, que era párroco de la Iglesia Mayor (hoy Catedral)bendijo la pila bautismal en la entonces ermita del Santo Cristo del Buen Viaje, y el padre Don Antonio Aguilar y Porro, Cura Coadjutor, bendijo el pequeño cementerio anexo a dicho templo.
Años después, cuando se prohibió enterrar en las iglesias, este terreno pasó a ser el primitivo cementerio general de Puerto Prícipe.
La Plaza del Cristo, hoy llamada oficialmente Parque Pablo Gonfaus, se llenaba en días de feria de cantinas y de tableros donde se vendían empanadillas de maíz y de harina de Castilla, rosquitas de catibía, pan de gloria, dulce de yemas dobles, ponche de leche y frutas.
El historiador JuanTorres Lasquetti nos dejó una visión de la Plaza del Cristo: "Es un cuadrilongo de 70 varas de ancho y 130 de largo, hacia el centro se le formó en el año 1875, un parquecito por iniciativa del corregidor Don Manuel Agustín Betancourt, apoyándose en el entonces Comandante Geneeral Don Juan Ampudia, está rodeada de ladrillos con asientos de lo mismo en su parte interior y entre unos y otros frondosos laureles. Residentes de la barriada como Miguel Vega Pascual y Ramón Larrúa, participaban activamente en la organización de las ferias anuales que se celebraban en la plaza, preparando los bazares, juegos diversos, entre ellos la famosa cucaña y otorgando premios a los vencedores. Con regularidad visitaba la plaza el circo "La Rosa", yo recuerdo muchas de las veces que fuí con mi padre a sus funciones. Siguiendo con la descripción de la plaza no puedo olvidar las varias florerías que allí existían haciéndose competencia. Desdichadamente sus nombres escapan a mi memoria. No olvidemos al cine "Camagüey", destruido por el ciclón del 26 y reconstruido muchos años más tarde, este fue el que yo conocí y disfruté. Para terminar este pequeño recuerdo de mi barrio, orgullosamente menciono que allí nacieron dos insignes cubanos en la misma cuadra:el científico y médico Carlos J. Finlay y la poetisa Aurelia Castillo de González.

lunes, 12 de septiembre de 2011

El color cubano

Juventud Rebelde digital@juventudrebelde.cu10 de Septiembre del 2011 21:16:38 CDT





No se explica Cuba sin África, como tampoco sin las muchas Españas ni la impronta de otros pueblos europeos, asiáticos o de las cercanías americanas. Ni siquiera sin los pobladores originarios —los únicos que estaban aquí—, de los cuales apenas quedan reducidos vestigios tras la cruenta dominación hispánica.
Sin embargo, para que se revelara la raíz africana en su altura e intensidad hubo que vencer acendrados prejuicios y siglos de estulticia. A fin de cuentas, entre los que llegaron, a los africanos les tocó la peor parte: traídos a la fuerza, brutalmente desarraigados, explotados como esclavos y ninguneados como personas.
Esa realidad, que se arrastró luego de la abolición de la esclavitud, nunca debe ignorarse. No la obviaron los hombres y mujeres que en medio del marasmo republicano —Fernando Ortiz, Rómulo Lachatañeré, Lydia Cabrera, Alejo Carpentier, Amadeo Roldán, Alejandro García Caturla, Argeliers León, Odilio Urfé, Wifredo Lam, Roberto Diago, Nicolás Guillén, Gustavo Urrutia, Walterio Carbonell, entre otros— se empeñaron en jerarquizar los aportes de los africanos y sus descendientes a la fragua y desarrollo de la cultura nacional, fundamento que solo comenzó a empinarse hacia la plenitud —claro está, no sin obstáculos ni dificultades— luego de las radicales transformaciones revolucionarias operadas desde hace medio siglo en el país.
En la misión de continuar desbrozando caminos en la hora actual destaca el trabajo científico de la Fundación Fernando Ortiz, presidida por el poeta, novelista y etnólogo Miguel Barnet, que ha encontrado abonado el terreno para la promoción de los resultados de sus colaboradores en un sistema editorial que desde los tempranos 60 ha privilegiado la publicación de libros que dan cuenta de las múltiples contribuciones de la raíz africana, incluyendo la producción intelectual de los autores de ese continente y del entorno caribeño.
Entre las más recientes entregas, correspondientes a la agenda nacional por el Año de los Afrodescendientes, figuran la reedición de El engaño de las razas, de Fernando Ortiz; la promoción de Relación barrio - juego abakuá en la ciudad de La Habana, de Ramón Torres Zayas; y como novedades Las relaciones raciales en Cuba, de varios autores; y Fernando Ortiz ante el enigma de la criminalidad cubana, de David López Ximeno. A estos títulos la Editorial Oriente sumó Cultura rastafari en Cuba, de Samuel Furé Davis.
El texto orticiano, aparecido inicialmente en 1946, quizá sea el más completo ensayo desmitificador de cuánta superchería pseudocientífica ha tratado de justificar presuntas ventajas y desventajas raciales encaminadas a la imposición hegemónica. Tras una exhaustiva exposición, el maestro concluye que «todos los seres humanos, dignamente humanos, debieran ayudar a la buena faena de ir desvaneciendo esos fantasmas enemigos que son las razas».
Las relaciones... reúne, oportunamente, siete estudios que diagnostican y revelan, bajo un prisma metodológico riguroso y desde la experiencia de campo, las causas y manifestaciones racistas que aún perviven en diversos estratos y comunidades de la Isla. López Ximeno, por su parte, estudia la evolución del propio Ortiz en sus apreciaciones sobre el determinismo racista entre el color de la piel y la propensión a la delincuencia, con lo que rebate la idea de la supuesta criminalidad de cierto grupo social en relación con su origen étnico, devenido factor para el desencadenamiento de prejuicios y actitudes que impiden la más justa comprensión del problema.
Siguiendo pautas trazadas por Lydia Cabrera, Rafael López Valdés y el mismo Ortiz, Torres Zayas aporta un interesantísimo y muy completo estudio que trasciende la territorialización de los juegos abakuá en la capital, para valorar en su más exacta expresión, el peso histórico, la relevancia social y la ética de los cubanos adscritos a esas sociedades.
En cuanto a la investigación de Furé Davis, inaugura la mirada integral, desde nuestra óptica, de uno de los fenómenos más llamativos y controvertidos de la cultura contemporánea: el rastafarismo, cuyo icono más visible es el jamaicano Bob Marley.
Estas publicaciones en su conjunto pueden tomarse como nuevas revelaciones de lo que Guillén anticipó como real perspectiva integradora de nuestra identidad con una frase: el color cubano.

Tomado del periódico "Juventud Rebelde", 10 de septiembre/2011

sábado, 21 de noviembre de 2009

Curiosidades cubanas

algunas curiosidades cubanas

Para la gente que le gustan estas cosas y quieran saber el origen de todo

El origen del fufú de plátano: ¿Ha comido usted alguna vez el fufu de platano?

Según Don Fernando Ortiz, el gran investigador del folclore cubano, durante la dominación inglesa en Cuba, después de la toma de La Habana, entraron muchos esclavos llevados por los ingleses. La comida que normalmente se daba a los esclavos era plátano hervido y machacado y se cree que esta forma de comerlo venía de Ghana y Sierra Leona. Los negreros ingleses acostumbraban a decir "food,food,food" (comida, comida,comida!), cuando repartían las raciones a los esclavos; de ahí que éstos comenzaran a darle el nombre de "fu-fu".
Este plato se conoce en el Caribe y, en algunos lugares del oriente cubano, como machuquillo, matajibaro, mofongo en Puerto Rico ; y mangu en República Dominicana.


Los "Fotingos"

Los cubanos del siglo pasado solían llamar a los automóviles "fotingos", pero es interesante saber el por qué, ya que la palabra no existe en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.
En 1908, la Ford Motor Company de los Estados Unidos sacó su famoso Ford Modelo "T". Desde el punto de vista técnico el Ford Modelo "T" incorporó la modalidad del sistema de tres pedales: embrague, freno y acelerador.
La publicidad de la Ford describía la novedad como el sistema de "foot it and go", es decir, pisar y arrancar.
Los primeros automóviles arribaron a Cuba en 1899 y eran de fabricación francesa, pero cuando el modelo Ford llegó al país se hizo popular y los criollos comenzaron a usar la palabra "fotingo" (cubanizando la frase "foot it and go") para designar al modelo "T" de la Ford.Tambien le llamaban "tres patas" (embrague, freno y acelerador).



¿Por que los cubanos les llaman a los campesinos "guajiros"?

Durante la guerra de independencia de 1895 en Cuba el campesinado cubano se unió a las tropas libertadoras que comandaba el Generalísimo Máximo Gómez, nacido en la bella isla de Quisqueya y por el Apóstol de la libertad de Cuba, Jose Martí y Pérez.
La guerra del 95, como la llaman los cubanos a la guerra de la independencia, ya casi estaba ganada por los mambises (palabra despectiva de los españoles hacia las tropas cubanas).
Cuando las tropas norteamericanas desembarcaron en Cuba, le llamaban a los combatientes cubanos War Heroes (héroes de guerra), para el oído de los campesinos y otros cubanos al comando de la tropas sonaba Guajiro. Y por esta razón que el único campesino en toda nuestra América es referido cómo "guajiro".


El gallo de Morón

Entre los cubanos es popular la frase:" se quedó como el Gallo de Morón, sin plumas y cacareando". Muchos piensan que se trata de un famoso gallo originario en Morón, Provincia de Camagüey , Cuba . Pues bien, la historia es que el Gallo de Morón ni era un gallo, ni era de Morón, ni tuvo que ver con Cuba .
Se trata de una leyenda del siglo XVI, cuando el recaudador de impuestos de Granada se presentó en Moron de la Frontera (Sevilla) a ejercer su oficio. Como el sujeto tenía aspecto de matón y forma de actuar muy grosera se le bautizo como el Gallo de Moron.
Los moronenses se hartaron de los desplantes de aquel gallo y un buen día le atizaron una tunda de palos tan contundente, que éste tuvo que marcharse de Morón sin atreverse a volver por más impuestos. De ese episodio surgió una copla popular que
decía: "Anda que te vas quedando / como el Gallo de Moron / sin plumas y cacareando / en la mejor ocasion".


El origen de los "guatacas"


La azada es un apero de labranza que se utiliza en los campos de Cuba para desbrozar los cultivos, es decir, eliminar las malas yerbas y para despejar las guardarrayas en los campos de caña. Los cubanos la llaman guataca.
También llamamos guataca a esos seres abyectos que se dedican a adular a los poderosos, sobre todo a los gobernantes. El origen de esta palabra se remonta a los tiempos del presidente Machado. Con Machado los aduladores se "pasaron de rosca", como se dice en cubano,en otras palabras estaban en abundancia. Le llamaban el egregio y le construían arcos triunfales a su paso..
El genial caricaturista Ricardo de la Torriente, del semanario satírico "La Política Cómica", comenzó a publicar unas caricaturas en las que aparecia machado rodeado de un grupo de aduladores que provistos de azadas o guatacas, precedian al general limpiando la senda que este debia pisar.
El pueblo empezó a llamar a estos aduladores "guatacas" y el mote pegó. Había nacido la palabra guataca y el verbo guataquear.. Desde entonces a todo aquel que adula, "hala la leva" o "hace la pelotilla", se le llamó en Cuba guataca.


La hora de los mameyes

En el léxico cubano hay una frase que muchos usamos sin conocer su significado: "la hora de los mameyes" .
Esta frase, según me cuentan, se originó hace más de doscientos años durante la toma de La Habana por los ingleses. Durante ese episodio los habaneros, con esa costumbre tan cubana de ridiculizar a los que no podemos vencer, dieron en llamar "Mameyes a los soldados ingleses por el color del uniforme que vestían:
chaqueta roja-mamey y pantalón negro. Por aquella época La Habana estaba rodeada por un muralla que la protegía de corsarios y piratas. Cada noche a las nueve se disparaba un cañonazo desde la fortaleza del Morro, para avisar a los habaneros que las puertas de la muralla se cerrarían durante la noche. Y como a esa hora los odiosos "mameyes" se hacían más visibles patrullando las calles, los habaneros bautizaron a las nueve de la noche como "la hora de los mameyes" .


FIN









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